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Tuesday, 22 de May del 2018 a las 10:44

CUENTOS DE OTOÑO

La escritora Victoria Cattelani, nos acerca hoy, un homenaje a la vida "El viento de marzo"...
Foto Nota

EL VIENTO DE MARZO

 

 

El día había amanecido díafano y sereno.

La joven miró por la ventana y vio el mar turquesa y calmo.

Las barcazas se mecían al son de las olas y esperaban a sus capitanes para salir a alta mar a buscar la pesca del día.

Vivía en la isla desde que se había casado con Marco el joven pescador musculoso, alto y decidido al que no había temporal que pudiera doblegarlo.

Esa mañana habían desayunado el tazón de leche con cereal y las rodajas de pan casero con manteca y mermelada de higos que su madre les había preparado.

El se dispuso a salir y, por precaucion, llevó el capote.

Ella sorprendida le preguntó: "¿Llevás el capote? ¡Si hay un sol increíble!" a lo que él respondió sonriendo: "Querida, estamos en marzo"

y sin más se escabulló a través de la puerta pintada de azul, del mismo color del mar.

Ella lo vio irse, contento, tarareando su canción favorita.

Respiró aliviada.  Desde que se había enterado de su embarazo necesitaba descanso adicional.  Primero las descomposturas estomacales la llevaban del baño a la cama y ahora, que estaba ya en los últimos días, el peso del bebé la obligaba a estar mucho tiempo en reposo.

Cuando Marco partía hacia el mar ella se volvía a la cama que estaba toda a su disposición poniendo las piernas en alto con dos almohadas.

Se quedó dormida y, cuando se despertó habían pasado por lo menos tres horas.  El cielo había comenzado a encapotarse y espesos nubarrones se veían en el horizonte.  Había comenzado a soplar el famoso viento de marzo, ese cálido, pesado e insistente, capaz de enardecer al más tranquilo.

De pronto una puntada en el bajo vientre le hizo proferir un grito de dolor y enseguida una catarata le bajó por las piernas.  Se le había roto la bolsa de aguas y se dio cuenta que el parto sería inminente.

Ya había comenzado a llover copiosamente y ella miró desesperadamente por la venta hacia el mar que ahora estaba encrespado y no se veían los mástiles de las barcazas por la altura de las olas.

Se preguntó dónde estaría Marco ahora que lo necesitaba con urgencia.

Cuando comenzaba a desesperar se abrió la puerta y un Marco chorreando agua se perfiló en la entrada a la casa.  Como lo hacía siempre esperó a que ella le alcanzara ropa y zapatos secos pero al verla en la situación de parto entró sin pensarlo y, como estaba acostumbrado a resolver sobre la marcha cualquier problema que se presentara en alta mar, tomó a su esposa por la cintura y la condujo hasta la camioneta dirigiéndose rápidamente al hospital del pueblo.

Mientras manejaba cantaba una conocida canción folklórica alusiva al viento de marzo y le agradecía que ese día le estaba regalando el nacimiento de su primer hijo.