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Wednesday, 12 de December del 2018 a las 11:39

CUENTOS PARA LEER AL SOL

La escritora Victoria Cattelani nos ofrece otro de sus encantadores relatos "Un regalo especial"...
Foto Nota

ESE DIA

 

El regalo especial

 

 

Ese día había amanecido cálido y el viento del norte traía una ola de calor especial que le castigaba el rostro y las manos.

El tropero andaba taciturno por la llanura pampeana arreando su tropilla hacia la orilla del río en busca del agua fresca.

Estaba cansado, con el cansancio que traen los años y los muchos inviernos pasados a lomo de su caballo que era su amigo y compañero.

El hombre se llamaba Cándido Rodríguez y era mi bisabuelo.

Cuando se hizo tarde y el sol se escondió tras el horizonte se apeó, bajó el recado del lomo de su pingo y lo dispuso debajo de uno de los pocos árboles que había en la zona.

Se recostó, apoyando la cabeza sobre el apero y se quedó dormido de inmediato.

Había cenado unos mates y una galleta de campo con un poco de queso que le había preparado su esposa, doña Victoria Torena, mi bisabuela.  La primera Victoria de la familia y de la que heredé el nombre.

Era un hombre curtido, duro y resistente pero ya el cansancio lo estaba venciendo.

La quietud del paisaje, la tropilla tranquila y los perros a su alrededor hicieron que se entregara al sueño profundo y reparador.

Habría dormido unas tres o cuatro horas, calculó, cuando de pronto un rumor y el movimiento de la caballada lo despertó con sobresalto.

¿Habría un puma rondando? se preguntó pero descartó la idea porque de haberlo habido ya habría atacado.  "Suelen andar hambrientos", pensó.

Comenzaba a amanecer, el sol despuntaba por el horizonte y apenas se vislumbraba una tenue luz.

Se sentó y observó con detenimiento.

Justo frente a él había una yegua blanca, majestuos y perfecta con un potrillo que no debería tener más de quince días.

Cándido se levantó despacio para no espantarla y ella se dejó acariciar la cabeza, las orejas y el lomo.

Se miraron profundamente a los ojos, como suelen mirarse dos seres que se entienden si necesidad de palabra alguna.

No sabe cuánto tiempo estuvieron así, quietos mientra el sol subía y calentaba la tierra. El, acariciándola y ella dejándolo hacer.

 

Ese día don Cándido Rodríguez tuvo un regalo especial.  Ese día se hizo amigo de esa yegua para siempre.